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Consulta y consentimiento previo, libre e informado de los pueblos indígenas amazónicos frente a la emergencia climática

En las profundidades de la Amazonía ecuatoriana, las comunidades indígenas enfrentan una amenaza silenciosa pero constante: la vulneración de sus derechos ante proyectos extractivos, en particular la explotación petrolera. En este contexto, los pueblos indígenas del Ecuador han alzado su voz, y entre ellos, las comunidades Waorani de Pastaza se han convertido en un símbolo de resistencia y dignidad.

Los Waorani, un pueblo de contacto reciente en el contexto nacional ecuatoriano, habitan en el Parque Nacional Yasuní, entre ríos, selva densa y una biodiversidad única. En 2019, estas comunidades impulsaron acciones legales ante la violación de sus derechos en el marco de la licitación del Bloque 22 de la Amazonía para actividades petroleras, un territorio de cerca de 200.000 hectáreas que se superpone con tierras de 16 comunidades de esta nacionalidad.

Las 16 comunidades presentaron una acción de protección que resultó en una sentencia histórica, al reconocer la violación de sus derechos colectivos a la autodeterminación y a la consulta previa, libre e informada. Esta decisión se encuentra actualmente en revisión por parte de la Corte Constitucional del Ecuador, con el objetivo de establecer jurisprudencia vinculante a nivel nacional.

Líderes indígenas de las nacionalidades de Pastaza camino a la Corte Constitucional en 2024

Líderes indígenas de las nacionalidades de Pastaza camino a la Corte Constitucional en 2024.
Foto: Amazon Frontlines

 

Desde CEJIL presentamos un escrito en calidad de amicus curiae, con el fin de aportar elementos del derecho internacional de los derechos humanos relevantes para el caso. En particular, subrayamos que la consulta debe observar estándares internacionales y que debe hacerse de forma especialmente rigurosa cuando se trate de ecosistemas frágiles y únicos como el amazónico, cuya afectación ambiental puede generar impactos irreversibles en derechos colectivos y en la integridad ecológica del territorio. Asimismo, destacamos una serie de supuestos en los que no solo es necesario llevar a cabo la consulta, sino que se debe obtener el consentimiento del pueblo indígena, conforme al derecho internacional, como es el caso de los proyectos a gran escala.

Esto es crucial para el análisis del caso concreto, en tanto la explotación petrolera constituye, por lo general, un proyecto a gran escala por su magnitud, los enormes impactos humanos y sociales para pueblos y comunidades indígenas, su significativa contribución a la emergencia climática a través de emisiones directas e indirectas de gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono y el metano, y su potencial para causar daños irreversibles al medio ambiente y a los derechos colectivos e individuales.

A diferencia de otros ecosistemas, la Amazonía se aproxima peligrosamente a puntos críticos de deterioro ambiental irreversibles, donde las emisiones asociadas a la explotación petrolera no solo intensifican la crisis climática global, sino que afectan directamente los derechos de los pueblos indígenas que históricamente han habitado este territorio. Por esa razón, la decisión de la Corte Constitucional del Ecuador debe considerar la relevancia excepcional y la vulnerabilidad específica del bioma amazónico.

Este tipo de análisis, que vincula la protección ambiental con los derechos de los pueblos indígenas, no es aislado. Forma parte de una discusión más amplia en el plano regional, en la que se reconoce que enfrentar la crisis climática exige respetar y fortalecer los derechos colectivos. En ese sentido, cobra mayor fuerza en el contexto actual, en el que la Corte IDH avanza hacia la resolución de una Opinión Consultiva sobre emergencia climática y derechos humanos, en respuesta a una solicitud presentada por Colombia y Chile, apoyada por CEJIL. Las audiencias públicas de este proceso, celebradas en 2024 en Barbados y Brasil, marcaron un hito: la Corte IDH recibió un número récord de 265 observaciones escritas y durante las audiencias se llevaron a cabo más de 150 intervenciones orales de Estados, organismos internacionales y nacionales, academia, sociedad civil, pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes, tribales y rurales, niños, niñas y adolescentes, entre otros, que evidenciaron la conexión directa entre la crisis climática, los derechos humanos y los territorios indígenas.

La experiencia del pueblo Waorani revela que no puede haber acción climática efectiva sin justicia para los pueblos indígenas. En este contexto, nuestro escrito en calidad de amicus curiae busca contribuir a una interpretación que articule los estándares del derecho internacional de los derechos humanos con la urgencia de proteger ecosistemas clave. La decisión de la Corte Constitucional del Ecuador es clave para orientar las acciones del Estado en el respeto y la garantía de los derechos de los pueblos indígenas amazónicos a la consulta y al consentimiento previo, libre e informado.

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¿Puede la justicia internacional cambiar el rumbo de la crisis climática?

Con el inicio de abril, se abre una gran oportunidad para reflexionar sobre nuestra relación con el planeta y el futuro que estamos construyendo. Conocido como el Mes de la Tierra, este mes del año nos invita a generar conciencia sobre la creciente deforestación y el aumento de las temperaturas, al tiempo que nos urge a reconocer que la crisis ambiental es, en esencia, una crisis de derechos humanos.

En América Latina, los efectos de la emergencia climática no son amenazas lejanas: son una realidad cotidiana. Sequías extremas, inundaciones, incendios forestales, pérdida de biodiversidad, contaminación y desplazamientos forzados provocados por desastres climáticos y el deterioro ambiental son cada vez más frecuentes y graves. Estos impactos afectan de forma desproporcionada a comunidades históricamente marginadas, incluyendo a pueblos indígenas, poblaciones rurales y personas defensoras del medio ambiente. En este contexto, defender el ambiente es inseparable de defender el derecho a la vida, la salud, la seguridad alimentaria, el acceso al agua potable y un futuro digno.

¿Qué estamos enfrentando?

Crisis ambiental: Brasil y Bolivia registran actualmente algunas de las tasas de deforestación más altas del mundo. En Brasil, los incendios en la Amazonía alcanzaron niveles alarmantes, con 53.620 focos registrados entre enero y agosto de 2024. En Bolivia, los incendios forestales han arrasado más de 10 millones de hectáreas, destruyendo el 60% de las áreas boscosas y afectando al 38% de los territorios indígenas.

Impacto económico: América Latina y el Caribe pierden aproximadamente 58 mil millones de dólares al año en infraestructura debido a desastres naturales, muchos de ellos agravados por el cambio climático. A pesar de ser la segunda región más propensa a desastres en el mundo, invierte menos del 2% de su presupuesto en prevención y gestión de riesgos climáticos.

Desplazamiento forzado: Inundaciones, sequías, huracanes y el aumento del nivel del mar están obligando a comunidades enteras a desplazarse en países como México, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá. En México, por ejemplo, 51 familias de El Bosque, Tabasco, fueron las primeras reubicadas por impactos climáticos. Se estima que para 2050, alrededor de 17 millones de personas en América Latina se verán forzadas a migrar como consecuencia del cambio climático.

Ante este panorama, las herramientas jurídicas internacionales cobran una relevancia creciente. Una de ellas es la Opinión Consultiva, una interpretación legal emitida por un tribunal internacional—en este caso, la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Esta herramienta ayuda a clarificar las obligaciones de los Estados bajo el derecho internacional, orientando políticas públicas, decisiones judiciales y la cooperación regional. En el pasado, las Opiniones Consultivas de la Corte han fortalecido la protección de personas migrantes, pueblos indígenas, niñas y niños, y otros grupos en situación de vulnerabilidad. Hoy, la Corte tiene una oportunidad histórica para hacer lo mismo en favor de la justicia climática.

En 2022, Chile y Colombia, con el apoyo de CEJIL y otras organizaciones de la sociedad civil, solicitaron a la Corte Interamericana una Opinión Consultiva sobre la emergencia climática. El objetivo es aclarar el alcance de las obligaciones estatales en materia de derechos humanos frente al cambio climático y proteger los derechos de quienes sufren sus efectos. Se espera pronto una decisión de la Corte que podría marcar un punto de inflexión para la región, ayudando a construir un marco jurídico sólido que garantice la rendición de cuentas, fortalezca las responsabilidades estatales y proteja a las comunidades frente a los daños ambientales relacionados con el clima.

En CEJIL, creemos que la justicia climática no solo es posible: es necesaria. Por eso hemos acompañado este proceso desde el inicio, amplificando las voces de quienes defienden sus territorios, promoviendo estándares internacionales y exigiendo acciones estatales a la altura de la urgencia de este momento histórico.