El cambio climático tiene un impacto grave en la salud pública, exacerbando enfermedades respiratorias, cardiovasculares y neurológicas debido a la mala calidad del aire y el aumento de temperaturas. La exposición a contaminantes como el ozono troposférico y el carbono negro agrava el asma, los accidentes cerebrovasculares y las enfermedades cardíacas, afectando especialmente a niños, adultos mayores y comunidades vulnerables.

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